Pues los poetas son
pequeños animales en disturbio
con la sed en los ojos y en la
garganta amor


(Jesús Hilario Tundidor)

miércoles, 4 de febrero de 2015

Sinopsis De Un Asesinato




Los cojines marchan listos para saborear a sus mujeres,
los veo perderse doblando la espina de la noche
donde todo está perdonado.
Podrían pasar como un mal augurio
al otro piélago lluvioso,
pero hoy llevo la frente alta del desierto bastante limpia.
No sé si lo suficiente.
Debo acabar de escribir un libro sin título
y sin más consistencia
que unos cadáveres que no son míos.
Y ni siquiera riman.

Cuando hablo de la muerte
recuerdo la única vez que pisé un cementerio.
A mi bisabuela la enterraron en un ataúd amarillo,
sin embargo, he olvidado su rostro.
Cuando hablo de la vida
recuerdo el día anterior a mi nacimiento.
De madrugada un aullido despertó a mi familia
en estas mismas paredes que hoy habito.

Yo morí tras Henriette con una sonrisa
junto al lago Wannsee en 1811
porque el polvo no se parece a la pólvora.
Yo morí en Bogotá leyendo El triunfo de la muerte de Annunzio
allá por mayo de 1896
y evité que la sangre manchara la pechera.
Yo morí durante la Ginebra de 1930
para reducirme a una expresión exacta
cuatro días después de mi cuarenta cumpleaños.

Debo escribir un libro sobre la muerte
porque una vez devoré una antología de poetas suicidas
y cuando quise releerla
la biblioteca había descatalogado su único ejemplar.
Esto no será una anatomía del suicidio,
sino la del asesinato de un dios interior
que dice que yo soy todos los muertos.


3 comentarios:

José Luis Martínez Clares dijo...

Eres la hostia. Acabo de alucinar. Versos para grabar en cualquier tumba, pero para disfrutarlos en vida, mientras muero. Un abrazo

J. R. Infante dijo...

Poema tenebroso, Rafael, menos mal que estamos en Febrero que suena más a carnaval y no en noviembre.
Un abrazo

María dijo...

Escribir sobre la muerte no resulta nada fácil.

Saludos.